






Desde los arbores del siglo XX, con la teoría clásica de administración de Taylor y Fayol, con mucha frecuencia se omiten o no se da la suficiente atención a un aspecto capital del desarrollo empresarial: “el humano”.
En la economía globalizada de hoy saturada de poder económico, tecnológico y político, no hay espacio para los fracasos, conflictos, intentos fallidos y pérdidas estratégicas. Competimos en todos los niveles imaginables y, en cada categoria de los procesos económicos, del marketing y la sociedad de consumo.
La gran mayoría de empresarios, procuran dejar a atras a la competencia con estrategias orientadas a sus productos, servicios, alcances, tecnología, costos y logística entre otros factores.
¿Cómo convertir el conocimiento y la exploración de la condición humana en un factor comparativo, competitivo, definitivo y definitorio en la la carrera desenfrenada por estar en los puestos de adelante de la competencia del mercado?
Encontrar un estilo, una filosofía, una manera de buscar, encontrar, capacitar, entrenar y dirigir un “equipo de personas” es indispensable para una empresa que desea llegar a los límites de su productividad, impacto social y rentabilidad.
Una tragedia latente del mundo empresarial es tener la disposición y la capacidad de aportar innovación, tecnología, nuevos productos, nuevas aplicaciones al mercado, pero sufrir a diario por la incapacidad de sus líderes para activar y desarrollar sus equipos de trabajo. Lo que ganan con la tecnología y el desarrollo, lo pierden en conflictos, desperdicios, alta rotación del personal, y la ausencia de un modelo práctico y sustentable de dirección y comunicación con su gente.

































