La felicidad en el lugar de trabajo suele depender del entorno laboral. Durante las últimas dos décadas, mantener un nivel de felicidad en el trabajo se ha vuelto más significativo y relevante debido a la intensificación del trabajo provocada por la incertidumbre económica y el aumento de la competencia.
Hoy en día, un número cada vez mayor de académicos y altos ejecutivos consideran la felicidad como una de las principales fuentes de resultados positivos en el lugar de trabajo. De hecho, las empresas con una felicidad de los empleados superior a la media muestran un mejor rendimiento financiero y satisfacción del cliente. Por tanto, es beneficioso para las empresas crear y mantener entornos de trabajo y liderazgo positivos que contribuyan a la felicidad de sus empleados.
La cultura organizacional representa el ambiente de trabajo interno creado para operar una organización. También puede representar cómo tratan a los empleados sus jefes y compañeros. Una organización eficaz debe tener una cultura que tenga en cuenta la felicidad de los empleados y fomente su satisfacción. Aunque cada individuo tiene talentos y preferencias personales únicos, los comportamientos y creencias de las personas en las mismas organizaciones muestran propiedades comunes. Esto, hasta cierto punto, ayuda a las organizaciones a crear sus propios bienes culturales.
El ser humano tiene una serie de «resortes internos» que obedecen a sus necesidades o deseos más íntimos.
Sobrevivimos esencialmente por nuestras capacidad para adaptarnos al medio. En nuestra historia, no hay un episodio en el que el cambio no haya sido el eje de la transformación.
Una de nuestras primeras emociones de la especie, fue el miedo (temor); sin esta emoción o sus proceso químicos y energéticos en nuestro cuerpo, no hubiéramos sobrevivido.
Este tipo de emociones se encunan en lo que llaman los científicos el cerebro primario instintivo y emocional.«El temor» está enraizado en lo más profundo de la estructura humana.
Por eso, si en los diferentes estados de la existencia el temor se adueña de la voluntad de la persona, ésta operará atada a la incapacidad de desarrollar la totalidad de su potencial.
El temor y la incertidumbre son producto de la incapacidad del ser humano de ser dueño en totalidad de su destino por estar expuesto a fuerzas e intenciones que van más allá de su entendimiento.
Tememos lo que no conocemos. Nuestro instinto de supervivencia nos condiciona física y psicológicamente para rechazar o huir de las circunstancias que nos producen inquietud.
Para los expertos las condiciones de la cultura, el tipo de educación que recibimos y los retos para encontrar sentido en la existencia, son detonantes del temor en nuestras vidas.
El auto conocimiento y la incorporación de «valores humanos», son ingredientes indispensables en aceptar y gestionar el temor en nuestras vidas.
Las metas y propósitos individuales, la disciplina, la persistencia y las habilidades sociales y colaborativas, nos permiten integrarnos con eficiencia al entorno organizacional.





































